Ha venido creciendo la insatisfacción ciudadana con el desempeño de las instituciones que nos rigen estimulada por una inexplicable parsimonia de las autoridades concernidas. El caso más relevante concierne a la Justicia, exacerbado por los varios intentos fallidos por reformarla, siempre resistido por sus servidores con acciones y decisiones cada vez más lejanas de sus competencias y deberes.
Desde 1977 ha sido imposible culminar reformas al aparato judicial, a pesar de la crisis continua y galopante que ha comprometido su credibilidad y con ella su legitimidad. Seguir leyendo

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