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domingo, 1 de noviembre de 2009

El del Etanol, un Negocio con Enormes Subsidios e Impuesto a Dedo por el Estado

Ocho millones de colombianos en la indigencia desnudan el fracaso de la política agropecuaria
Viene de Información general > Del debate del senador Jorge Robledo
Se subsidia a unos pocos y al resto se deja que se arruinen



El ministro dijo que había sobreproducción de azúcar y, en consecuencia, había que inventarse qué hacer con los excedentes. Era entonces mejor consumir el azúcar en Colombia convertida en alcohol carburante y subsidiada por el Estado que seguir vendiendo azúcar a pérdida. Los arroceros, lecheros y paneleros no tuvieron la misma suerte. Ante la sobreoferta, lo que el gobierno les dijo es que no sembraran más arroz y que tumbaran la caña sobrante. A los del azúcar les anuncia en cambio que les van a montar un negocio subsidiado. Argumentan que por el beneficio al medio ambiente. Cuentos. Hay cinco mil estudios que ponen en duda sus beneficios. Nos alegan que el subsidio va a aliviar la suerte de los corteros. Ahora voy a hablar de la situación que viven los corteros.

Quiero dejar una constancia. Yo no me opongo a que el Estado intervenga. Puede incluso que este sea un negocio razonable. Pero yo sí les pido que le expliquen al país el negocio tal cual es, con toda franqueza, y que sobre todo nos expliquen por qué hay gente del agro que recibe un maltrato del Estado y otros un privilegio. El del trigo que se arruine, el del azúcar no. Dejo entonces en claro que la política agraria del gobierno tiene un sesgo que a mí me preocupa. Dependiendo del producto, hay que salvar al productor al costo que sea para el Estado o dejar que se arruinan porque son unos ineficientes, y qué le vamos a hacer.

¿Cómo se están repartiendo la plata del subsidio? Si hay un subsidio tan elevado para cinco grandes ingenios, ¿cómo se distribuye? Es bueno que sepan que una parte muy grande de la caña en el Valle del Cauca no es sembrada por los ingenios, sino unos agricultores dueños o arrendatarios de la tierra y allá denominados colonos, asociados en Procaña. Desde que empezó este negocio, los colonos han estado insistiendo en exigir que les mejoren el precio de la caña. Preguntan por qué en el negocio del alcohol carburante no vamos como debiéramos ir y son los ingenios, los grandes monopolios, los que se quedan con todo el negocio. No se ha podido. Ahí sí no interviene el Estado, que ante ese pleito, hoy en los tribunales, sale a aducir la libre empresa. Ahí yo no me meto –dice– ese es un negocio entre los productores de caña y los ingenios azucareros.

Lo mismo ocurre con los corteros. Supimos el paro grande que hicieron el año pasado. ¿Qué es lo que finalmente piden? Que les suban el sueldo. Y uno se pregunta: con este subsidio tan elevado que están recibiendo los ingenios, ¿por qué no les suben el salario a los trabajadores? Sería sensato. Que si el Estado va a subsidiar, que a todo el mundo le toque algo. No solo a los ingenios, sino también a los corteros. Pues no es así. Aquí se acordarán los más viejos, el senador Jaramillo, que lleva como yo dos períodos, que el ministro nos sacó el argumento de que el subsidio iba a servir para proteger el empleo de las zonas azucareras. Y miren lo que están haciendo hoy los ingenios, mecanizando el corte. Están comprando unas máquinas descomunalmente grandes, me imagino que con el ICR, el descuento tributario, para poder echar a la calle a un número importante de asalariados. De manera que la teoría que aquí nos echaron sobre el estímulo al empleo está seriamente cuestionada, porque lo cierto es que los están despidiendo. Vuelvo y pregunto, ministro. ¿No debiera intervenir el gobierno? Con un desempleo como el que azota al país, con la pobreza en el Valle del Cauca, y van a coger a cientos de corteros y los van a echar a la calle para que los ingenios se ganen unos pesos más. Es la pregunta del millón en todos mis debates: ¿cabemos todos o no en este país? O aquí el punto es ser bien amigo del gobierno y conseguirse un trato de privilegio y los demás que chupen, como se dice coloquialmente.

Es el mismo caso de la leche. Se dice: es que llovió mucho y hay mucha leche. Primero, sobra la leche porque hay mucha miseria, ministro. Si los niños de Colombia tomaran leche, no sobraría un litro. Y segundo, por un factor que ustedes no mencionan y yo sí: estamos importando leche en polvo. ¿Cómo es posible que el gobierno permita importaciones cuando hay excedente? Me va usted a decir que no es mucha, pero usted sabe o debería saber, porque ya lleva un tiempo en el Ministerio, que una importación, así sea relativamente pequeña, tumba los precios. Y peor aún, estamos importando lactosueros, una especie de basura láctea que queda de la producción de quesos y que se importa a muy bajo precio. Aquí se nos replicará que la ley prohíbe mezclar el lactosuero con la leche, pero lo cierto es que hay importaciones. Y agradezcan, lecheros de Colombia, que le tenemos parado al gobierno el TLC, porque o si no, ya estaría arruinada la producción de leche con el régimen de libre importación de lactosueros desde el primer día de vigencia. Fedegan y Analac le advirtieron al gobierno que no se podía firmar. A los lecheros sí se los abandona a su suerte. Que padezcan el ciclo económico, como se dice, unas veces con lluvias y otras sin ellas, unas veces con precios altos y otras con precios bajos. No, ministro, a ustedes los pusieron aquí para que enfrenten los ciclos. Ese es el gran debate.

Pobreza rural, 65 por ciento

El ministro nos presenta un agro perfecto. Pues yo les quiero dar las últimas cifras del gobierno sobre pobreza rural. Ya lleva ocho años el doctor Uribe y quiere otros cuatro. Es lo más curioso del mundo. Como fracasan, hay que reelegirlos. 2008, cifras oficiales, pobreza rural: 65 por ciento. Sesenta y cinco de cada cien habitantes en la zona rural viven en la pobreza. ¿Y saben cuánta es la indigencia? 32 por ciento. Y el ministro nos dice aquí que el agro está muy bien y que él quiere mucho a los campesinos. Yo he llegado a pensar que mucha gente quiere al gobierno, en medio de su confusión, porque han terminado concluyendo que maluco también es bueno. Como no hay plátano, se aprende a comer cáscara de plátano, y se sonríe. Dicen que Colombia es uno de los países más felices del mundo y probablemente sea cierto. Pero están comiendo cáscara de plátano, porque la miseria rural es espantosa.

Toco el tema de la panela. No sé cuantas veces haya hecho yo aquí este debate. Lo repetí en la zona del río Suárez ante una asamblea de más de mil paneleros. Les dije, ojo con lo del alcohol carburante, que el gobierno lo está manejando de manera irresponsable. La primera vez que habla el doctor Uribe de agrocombustibles es un 20 de julio, creo que del segundo año de gobierno. Promete alcohol carburante para los ingenios azucareros del Valle del Cauca. Y después arrancan a hacer demagogia diciendo que se iba a producir alcohol carburante en toda Colombia.

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